Ensayo fotográfico de Maurício de Bragança
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Resumen
La fotografía siempre ha estado presente en mi relación con América Latina. A través del lente de fotógrafos y fotógrafas, he ido llegando poco a poco, percibiendo detalles, familiarizándome con los paisajes. Siempre intento buscar fotografías cuando voy a un lugar desconocido. Me gusta ir a las ferias de antigüedades y ver esas fotos antiguas de anónimos; son como intérpretes que presentan el mundo de forma íntima y personal. Las fotografías siempre me ayudan a crear algún tipo de vínculo con aquello que aún no conozco.
Leer las imágenes es un ejercicio que se perfecciona con el tiempo, con la paciencia y el placer de postrarse ante una fotografía y observarla en sus misterios, intentando percibir aquello que se esconde en su composición. Las fotografías no muestran la realidad; rompen con la idea de realidad. Por eso son tan seductoras en su capacidad de crear absurdos. Cuando voy a fotografiar, traigo en la memoria otras imágenes que también me inspiran, en un diálogo de imaginación. Así, uno nunca llega solo a un lugar.
Las fotografías también nos ayudan a adentrarnos en los espacios, si estamos atentos a los límites del acto fotográfico. Fotografiar es ocupar territorios, crear imaginarios. Y esto es un acto de gran responsabilidad. Es necesario saber hasta dónde se puede llegar en esa conversación que la fotografía proporciona y cómo participar de ese encuentro. En esta selección de imágenes, realizada por los editores del Dossier "Audiovisual y saberes locales", se presentan algunos de esos momentos que iniciaron a finales de la década de 1990. Es una mirada deslumbrada, a veces atónita, pero siempre curiosa.
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